Actualmente
vivimos en un mundo… evadido de la realidad. Donde es mucho más importante
tener el último modelo de móvil que acaba de salir, que saber que está pasando
en el otro lado del mundo o sin irnos más lejos, que le está pasando a la
señora que ves todos los días en la puerta del supermercado pidiendo dinero.
¿Acaso no vivimos todos aquí? ¿Por qué tenemos que competir unos con otros o
intentar ser mejor que el de nuestro lado? Creo que en verdad no necesitamos
competir con nadie. Y si así tendríamos que hacerlo, tendríamos que
competir pero con nosotros mismos para poder llegar a ser los mejores en lo que
nos gusta. La competición entre unos y otros solo nos lleva a enfrentamientos
absurdos y conflictos en los que el único objetivo es demostrar cual es el “más
fuerte”. No hay nada más que ver hacia atrás, ¿de que sirven tantas peleas
entre los “países ricos”? ¡Así! Que entre todos como si de un pastel se tratara
se repartieran algo que según ellos les pertenecía. ¿De qué hablo te
preguntaras? Hablo de África, ese continente que hace bastantes años atrás se
lo repartieron a su gusto. Ese continente que ahora, gracias a los países
desarrollados acabaron con toda su riqueza, ese continente al que todo el mundo
le tiene pena pero al que nadie ayuda.
¿Cuántas
horas al día dedicas a ver fotos y fotos, miles de publicaciones de los
famosos, de como publican su vida a todo el mundo? ¿Y cuantas horas al día
dedicas a leer un poco las noticias y ver como esta el mundo en el que VIVES,
del que eres un ciudadano más? Seguramente no es muy difícil que la balanza se
incline más hacia las redes sociales. Hablamos mucho de injusticia y
desigualdad en este mundo, pero ¿Cuántos os preocupáis al menos de la realidad
que tenéis más cerca? No hace falta mirar las noticias o irse muy lejos para
encontrar personas que viven en la calle sin nada, sin poder comer todos los
días. Esa mujer o ese hombre que te piden ayuda en la puerta del supermercado
tiene una historia detrás, muchas veces juzgamos a las personas solo con verlas
y seguramente lo primero que se te viene a la mente cuando ves a una persona
pidiendo dinero en la calle es “pobrecit@”. Por desgracia, nuestra pena no les
va a cambiar la vida, no hará que del día a la noche esa persona tenga algo que
llevarse a la boca. Pero como había dicho anteriormente juzgamos mucho sin
saber, vemos a una persona y por como viste, por como habla, por como camina o
por como se comporta ya creemos conocerla y nos creemos con el total derecho a
juzgarla. Déjame decirte que solo criticando a las personas ya te
estas poniendo una barrera muy grande, la barrera de ver el mundo de
diferentes perspectivas. Creo que poder conocer a personas realmente diferentes
a ti es lo que hace que puedas ver las maravillas que te rodean, pero claro
bien puedes quedarte con tus prejuicios y con tus apariencias a primera vista
seguramente estarás más cómodo en tu burbuja de
ignorancia. Déjame decirte además que la vestimenta de una
persona, la forma de hablar, la forma de caminar no representan el 100% de lo
que es una persona, simplemente son lo que he dicho antes, APARIENCIAS. ¿Acaso
la persona que mejor vista es la más respetable y la más educada? ¡Claro que
no! Y un claro ejemplo de esto lo podemos ver en la política, todos esos
políticos que visten tan bien encorbatados, ¿Qué personas tan respetables todos
verdad? seguramente ni el 70% de los que ocupan un puesto en el parlamento son
dignos de estar sentados allí. Son personas que más que dar ejemplo, dan
vergüenza. Una gran cosa que he aprendido es que no juzgues a una persona por
su apariencia porque realmente te pueden sorprender cuando les conozcas. Como
bien dijo el principito “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Aprende
a mirar más a tu alrededor, tampoco te digo que te vayas al otro lado del mundo
para hacer la mayor obra benéfica del mundo. Pero simplemente ayudando a esa
persona que ves todos los días pidiendo ayuda, ya estas empezando a cambiar tu
PEQUEÑA REALIDAD.
No hay
más ciego que el que no quiere ver.

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