Muchas veces nos paramos a
pensar y echamos la vista atrás, muchas de esas veces también con cierta melancolía,
tristeza, los tiempos pasados siempre nos parecen mejores que los que estamos
viviendo ahora. Echamos en falta muchos momentos que vivíamos antes, personas
que estaban en nuestra vida y que a día de hoy ya no están con nosotros por una
razón u otra.
Las personas que se van de nuestra vida siempre nos dejan
una huella, un recuerdo, un momento que vivimos con ellas y que cuando lo
recordamos nos gustaría volverlo a vivir. Puede que esa persona se haya ido de
nuestra vida por una fuerte discusión y que las cosas hayan terminado muy mal,
pero aun así siempre guardaremos recuerdos increíbles de esas personas.
Las personas que entrar en nuestra vida siempre tienen una
misión destinada, algunos nos enseñan muchas cosas y nos ayudan a avanzar, a
superarnos, a seguir adelante, a mejorar como personas, nos ayudan a conocer lo
mejor de nosotros mismos y a ponerlo en práctica. Las personas también nos
enseñan a base de buenos golpes, están esas personas que nos decepcionan, que
nos hacen confiar en ellas para luego volvernos a decepcionar. Esas personas
aunque nos hagan daño, nos ayudan a hacernos más fuertes a saber afrontar mejor
los problemas que nos vendrán dentro de unos años. No digo que les tengamos que
agradecer el daño que nos hacen, pero aunque nos enseñan a base de caídas y de
enfrentamientos, también aprendemos.
Muchas veces dicen que a las personas que nos hacen daño,
hay que pagárselo con la misma moneda dentro de un tiempo, para que puedan
probar de su misma medicina, pero desde hace un tiempo me he dado cuenta que no
sirve de nada ¿para qué gastar tu tiempo haciendo daño a una persona? Guardar
rencor a las personas es una pérdida de tiempo y de espacio en tu corazón.
Ganarás más tiempo queriendo a otras personas que haciendo daño al que te lo
hizo a ti. Muchas veces es tal la impotencia que sentimos con una persona en
concreto, que nos gustaría decirle muchas cosas y soltar mil tonterías por la
boca, pero ¿en verdad vale la pena? Muchas veces pienso que cuanto más daño
queremos hacer a los que nos han hecho daño, más daño nos hacemos a nosotros
mismos.
Los
momentos que pasemos en la vida muchos serán buenos y otros muchos serán malos.
Pero si te paras a pensar en algún momento en concreto, siempre has aprendido
algo. Has aprendido a mejorar, has aprendido cosas tuyas que no sabías que
tenías, has aprendido a ser más fuerte, más paciente y más perseverante. Todas
estas cosas que aprendes no siempre serán de los momentos buenos, los momentos
malos aunque no nos gusten, nos enseñan más de lo que nos imaginamos y de eso
no nos damos cuenta al día siguiente, ni tampoco dentro de un mes, sino con el
pasar del tiempo.
En este relato de hoy, quiero dar gracias a todas las
personas que han pasado por mi vida, por todas esas personas que a pesar de
haberme hecho daño me han hecho crecer como persona, pero sobre todo a esas personas
que pasaron y que en verdad me hicieron mejorar, que me hicieron sacar lo mero
de mí en los peores momentos, a esas personas que tanto echo de menos, porque
me ayudan a ser mi mejor yo. También a esas personas que a día de hoy están
conmigo y me ayudan a mejorar, me ayudan a enfocarme en mis metas y a no
desviarme del mejor camino, a ayudarme a conocer el camino correcto, a esas
personas que saben ser sinceras aun sabiendo que la verdad duele, a esas
personas que nos les da miedo decirme lo que piensan porque saben que me harán
crecer.
Te invito a ti que estás leyendo esto a pensar en todas esas
personas que han pasado por tu vida, en TODAS. Piensa en esas personas que tal
vez le guardas un poco de rencor y que tal vez ya no vale la pena, piensa en
esas personas que te hacían ser tu misma y que ahora ya no están presentes en
tu vida, piensa en esas personas que están ahora y te ayudan a crecer, a VIVIR
INTENSAMENTE. Piensa y se agradecido, porque no hay mayor regalo que sentir el
cariño de otras personas sin que se lo hayas pedido.

Me encanta ����❤️
ResponderEliminar